… o sobre cómo perderle el respeto al personal
Tiene guasa que la chupi.pandi, encima de haber jodido sobremanera (y seguir haciéndolo, aunque ya no a mí, a dios gracias) ni siquiera sea capaz de dar los buenos días. Además de canallas, maleducados.
… o sobre cómo perderle el respeto al personal
Tiene guasa que la chupi.pandi, encima de haber jodido sobremanera (y seguir haciéndolo, aunque ya no a mí, a dios gracias) ni siquiera sea capaz de dar los buenos días. Además de canallas, maleducados.
La Operación Mudanza va a resultar más difícil de lo que esperaba. Mi jornada intensiva se ha convertido en intesivísima. Hecho acopio decente de cajas, sólo queda lo pesado: comenzar a llenarlas. Me haré la idea de que me voy de vacaciones para planificar la ropa de los próximos cuatro días y guardar todo demás. Y continuaré seleccionando lo que se queda y lo que se llevan. No sé de dónde sacar las ganas. Pronto, pronto habrá terminado. Cuatro días.
Es tan raro. El silencio que de repente se nos ha colado en medio es tan raro. ¿La angustia se pega? Porque a mí me la ha contagiado, su angustia se ha convertido en la mía, y ahora sólo me sale silencio. Y menos mal que mi prudencia está acostumbrada a la ficción, porque de abrir la boca sólo me saldrían criaturas de esa angustia, la mía, muestras del desengaño, secuelas de la humillación y del dolor que me provoca estar delante y no poder decir… y sólo poder expresar silencio.
He leído en una revista, en las páginas del horóscopo, que el Sol aumentará mi dinamismo e intensificará mi atractivo, y viviré las emociones más fantásticas que pueda imaginar…. ¿en el Sol? Me voy a la playa.

Lo dicen los astros
Ya lo decían, lo leí por ahí, en algún foro quizás: hay vida después de aquella empresa. Casi se ha convertido en un lema de los viernes a las tres. Y no sólo hay vida, sino que puedo decir que es mejor. Porque aquello era puro despotismo ilustrado. Tan auténticos que dejarían en bragas al mismísimo Carlos III.
El caso es que he estado dos meses en paro y han sido como vacaciones, vacaciones chungas, vacaciones escolares con cuadernillos de recuperación.
Me lo acaban de decir. Mañana me reincorporo a la población activa. Y he sentido esa angustia en la boca del estómago, como de final de vacaciones escolares, como de primer día de colegio. Voy a pasar todo el verano en esta ciudad de cuarenta y cinco grados a la sombra y, sin embargo, me siento como si mañana fuese a empezar el otoño. Nostálgico otoño. En la vida después de… me siento nostálgica.
Cierto es que no tocan el tipo de música que suelo escuchar. Pero mi Alberto es mi Alberto y estoy dispuesta a estar en primera fila, llorando de emoción cual grupi histérica, en cada concierto que Sexaine celebre este verano.
He recuperado la capacidad de tomar decisiones meditadas. Vuelvo a razonar. Por fin.
Quisiera saber la Verdad. No. Quisiera que la Verdad fuese una composición coherente de mis propias conjeturas. Y quisera que el tiempo me trajese a la puerta la satisfacción de recoger su arrepentimiento.
… o no.
[...] El apetito del lector es a menudo síntoma de frustraciones y complejos; una ansiedad fantasmática o de mayeútica, que viene a ser alumbrar cuestiones, ideas, nociones que latían en uno pero que no habían sido formuladas. El leer sirve a veces para eso, para dar nombre y cuerpo. También para diluir neurosis al tiempo que se ceban otras. Leer es, dicen, ir liberándose, desentrañarse y hacerse fuertes ante la adversidad, pero bah, ni caso.
Lo escribió Rubén Lardín, en Hitler de Pequeño Leía Mucho.