… o no.
[...] El apetito del lector es a menudo síntoma de frustraciones y complejos; una ansiedad fantasmática o de mayeútica, que viene a ser alumbrar cuestiones, ideas, nociones que latían en uno pero que no habían sido formuladas. El leer sirve a veces para eso, para dar nombre y cuerpo. También para diluir neurosis al tiempo que se ceban otras. Leer es, dicen, ir liberándose, desentrañarse y hacerse fuertes ante la adversidad, pero bah, ni caso.
Lo escribió Rubén Lardín, en Hitler de Pequeño Leía Mucho.
…que latían en uno pero que no habían sido formuladas
Cuando me ocurre eso me da a la vez alegría, rabia y envidia, y me encanta ese cóctel.