… o sobre la paciencia que hay que tener
Redactando el acta de la última junta de gobierno he recordado una anécdota de hace algunos meses. Y si no la cuento, reviento. La anécdota de aquel funcionario que prometió enviarme el recién aprobado proyecto de ley del que nadie disponía en ese momento.
Era sábado y estuve con unos amigos, todo el día, de cervezas y pescaíto frito. Al solecito de la Bahía. Más a gusto que un arbusto. Y llegamos a un festival de música… ¿independiente?
Allí me encontré con un antiguo compañero de facultad: qué tal, que de tiempo, que alegría, como estás, por dónde andas ahora… Y al contarle por donde ando ahora, me contestó por ahí hay alguien que trabaja en la administración con la que batallas cada día, voy a presentártelo. Y va y me lo presenta.
Comencé a charlar con el funcionario: qué tal, encantada, en qué consisten tus funciones exactamente, pues mira que necesito el proyecto de ley que el gobierno de esta nuestra comunidad aprobó anteayer… Y va y me contesta: YO TE LO ENVÍO, EL LUNES LO TIENES A PRIMERA HORA.
Y yo, que me lo creí, le sonreí amablemente, muchísimas gracias, qué maravilla, que estupendo eres…. y la conversación empezó a versar sobre el proyecto de ley en sí mismo, momento en el que comenzaron a aflorar nuestras discrepancias. Discrepancias legales, por supuesto. Pero las discrepancias legales se convirtieron en personales cuando se le terminaron los argumentos jurídicos y escupió: YO SOY LA ADMINISTRACIÓN, YO TENGO LA SARTÉN POR EL MANGO, SI QUIERES DISCUTIR EN PLAN ABOGADITA INTERESANTE, TE VAS A LOS TRIBUNALES.
Entonces le contesté venga vale, finalicé educadamente la conversación y regresé con mis amigos.
El lunes no recibí el proyecto de ley pero sí un mensaje al móvil que rezaba: te estoy tramitando lo del proyecto… mañana lo tienes sin falta, pero me deberás una cena. Nunca llegó.
Al funcionario de la sartén por el mango, en plena tramitación parlamentaria: la cena, el lunes a primera hora, tontolaba.

Si es que no se puede ir de interesante por la vida, haciendo de menos a ciertos hombrecillos, qué lástima. Un abrazo.